lunes, 16 de enero de 2012

Fragmentos de "Aquí nos vemos", de John Berger


            “Fue en el Old Met Music Hall de Edgware Road, sentado a su lado, donde empecé a aprender los rudimentos de la crítica, cómo juzgar los estilos, o su ausencia. Ruskin, Lukács, Berenson, Benjamin y Wölfflin vendrían después. La formación esencial la recibí en el Old Met, mirando desde el gallinero y rodeado de un público escandaloso, receptivo e implacable, que juzgaba sin piedad a los humoristas, a los acróbatas, a los cantantes, a los ventrílocuos. Vimos como Tessa O’Shea hacía venirse el teatro abajo con los aplausos, y vimos cómo la abuchearon hasta que tuvo que abandonar el escenario con el cabello empapado en lágrimas.
            Los números tenían que tener estilo. Había que ganarse al público al menos dos veces cada noche. Y para hacer esto, la imparable secuencia de gags tenía que conducir a algo más misterioso: la propuesta, conspirativa e irreverente, de que la vida misma era un número cómico. 
           (…)
            El micrófono acabará con su arte, me susurró Ken en el gallinero. Le pregunté qué quería decir. Escucha cómo usan la voz, me explicó. Hablan desde la otra punta, y los oímos como si estuviéramos en medio de ellos. Si empiezan a utilizar micrófono, dejará de ser así, y el público ya no se sentirá en medio. El secreto de los artistas de music hall es que actúan indefensos, como lo estamos todos. Si le das un micrófono a un artista, lo armas. La situación es completamente distinta.
            Tenía razón. El music hall había muerto una década después.”

Págs. 86, 87, 88; BERGER, John; Aquí nos vemos, Alfaguara, Madrid, 2005